Por DALTON HERRERA
La dualidad de criterios para adquirir la nacionalidad dominicana
mediante el jus solis había sido un mal latente desde 1929 y
fue la Sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional la que se suponía
iba a poner orden a ese sinfín de interpretaciones.
Desde 1929 hasta 2013, según esa sentencia, hubo decenas de miles
de hijos de extranjeros inscritos de manera irregular en el Registro
Civil, por lo que dicha jurisprudencia estaba supuesta a establecer los
requerimientos que todo país soberano podría exigir.
EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
Sin embargo, en vez de orden jurídico, la sentencia 168-13 desencadenó
una fuerte campaña negativa e internacional en contra de la República
Dominicana, a la que se sumó el ahora flamante ciudadano dominicano, el
escritor Mario Vargas Llosa.
Tal comparación la hizo sin medir las realidades de cada episodio
histórico, las leyes de República Dominicana, un país democrático; y las de la
Alemania Nazi, un país totalitario.
Pero su escrito no se limitó a los jueces del Tribunal Constitucional,
Vargas Llosa también arremetió contra personalidades de la vida dominicana como
el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, a quien llamó
«prehistórico» y «reaccionario». Y sin mencionar nombres, arrastró a
periodistas y políticos.
Pero nada llamó más la atención que la imagen de su artículo de opinión:
una gran esvástica que arropa la parte norte de la República Dominicana, en
clara insinuación de que la sentencia era, como mencionamos arriba, el
preámbulo de un holocausto en el Caribe.
El Gobierno dominicano no pudo resistir los embates internacionales que
llegaban desde todos los frentes, que incluían a Mario Vargas Llosa y su
hijo Álvaro Vargas Llosa, que residía en República Dominicana y colaboraba
con decenas de ONG que se sumaban al descrédito en contra del país.
Álvaro Vargas Llosa
Luego de olas de indignación en contra del artículo de su padre, Álvaro
Vargas Llosa, quien era representante de la Agencia de las Naciones Unidas para
los Refugiados, tuvo que salir del país. Muchas voces dominicanas incluso
pidieron declararlo persona non grata.
Al final y ante la crisis, el expresidente Danilo Medina tuvo que buscar
una solución «salomónica» para frenar la crítica internacional y emplear
la Ley 169-14 de Naturalización Especial para regular a los afectados
por la Sentencia 168-13. Una medida que ningún país en América Latina había
realizado en ese momento.
El dominicano
También ha destacado los esfuerzos que hizo República Dominicana para
ayudar a Haití durante el terremoto de enero de 2010, cuyo saldo fatal oscila
sobre los 250,000 muertos. Hasta él mismo sabe que ningún otro país fue tan
solidario con los haitianos (y todavía lo sigue siendo).
República Dominicana es una de las pocas voces que sigue clamando a la
comunidad internacional que tanto criticó a la Sentencia 168-13 para
que acuda en auxilio de Haití. Esa es la misma comunidad internacional que
ahora hace silencio ante el caos que devora a ese país hermano.
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