Por: Aníbal Corcino M. Abogado
Desde tiempos remotos la inmigración ha sido un tema que identifica al ser humano, a los países y naciones de todas partes del mundo, sin embargo, así como existen países, existen culturas y costumbres que se van con cada inmigrante al país receptor. Estas costumbres pueden ser buenas, malas, contrarias al país de origen o simplemente inaceptables por razones diversas, en ese sentido nuestro país no se escapa de esa realidad, hoy la República Dominicana cuenta con una inmigración muy diversa, dentro de las cuales sobresalen los venezolanos, haitianos, chinos, entre otros.
Los venezolanos me parecen a mí, la cultura más flexible, estas personas se han dominicanizados de una manera increíble, hoy los vemos en los medios de comunicación, la radio, bares, restaurantes y empresas; Verlos actuar en las calles y en los trabajos te obliga a tener que hablarle para identificarlos como extranjeros.
Por otro lado, están los haitianos, que son la clase más dominante en términos de cantidad y penetración laboral en nuestro país, estos los podemos identificar por su aislamiento grupal, donde llega uno llegan cientos, proyección de pobreza que generan en lugares donde viven, no usan letrinas, las casitas de cartón, solo comparten entre ellos, sus ritos, no se mezclan con su entorno, la cantidad de niños y niñas y su encierro a la convivencia local, sobresale también su laboriosidad y gran capacidad de trabajo, entre otras.
Por otro lado, está la inmigración china, ésta es una clase muy especial, porque si bien es cierto que tiene otro estatus económico, educativos y sociales, que son dueños de empresas y grandes negocios a nivel nacional, también tiene como características, que no se mezclan con los nacionales dominicanos, en sus empresas no dan participación administrativa a extranjeros y que se apropian de todo el entorno que ofrece oportunidades comerciales, a diferencia de los haitianos, estos son muy organizados y donde llegan forman grupos y se colaboran entre sí.
Sin embargo a todo esto debo decir, que la migración china en nuestro país debe ser monitoreada y vigilada, porque a diferencia de los demás inmigrantes estos no se integran al sistema local sino que colonizan los espacios donde llegan, toman las actividades comerciales, se agrupan y poco a poco van desplazando la inversión local, tal es el caso de santa Bárbara de Samaná, donde hace unos años apenas tenían un hotel, hoy son dueños de las grandes tiendas y locales del municipio, de ferreterías, tiendas de celulares, pica pollos y ya les vemos incursionando en los negocios de plazas comerciales, lo mismo pasa ya en las terrenas, Nagua y san francisco, siendo Sánchez la excepción.
De acuerdo con datos que nos llegan de otros lugares también en Barahona, San Juan y qué decir de la capital donde tienen su propio barrio y zona comercial (El Barrio Chino). Los chinos traen consigo todo lo malo que trae una sociedad moderna, sin embargo, existe algo que los identifica de manera general. El chino ve al dominicano como seres inferiores, haraganes y pocos productivos, se entiende que es un asunto cultural, ellos vienen del primer mundo y trabajan sin cesar, pero a diarios sobresalen las quejas de un chino que maltrata, ultraja y pisotea a su personal o colaboradores.
A esto se suma una voz común de persona que se quejan, de que no pagan prestaciones, laboran por encima de las ocho horas de ley, no pagan horas extras, en muchos casos no pagan seguros, no pagan los feriados y obligan a su personal a asistir los días no laborables, ya que ellos no tienen días feriados, es más fácil ver llover para arriba que un negocio chino cerrado. Todo esto también se comprueba en las redes, con las quejas de personas y de paso la muerte de un nacional chino mientras maltrataba a una empleada y esta le dio una estocada, acción esta que no se justifica en ninguno de los casos.
Este método colonizador y esclavista con que se maneja el empresario chino en nuestro país es una razón más que suficiente para que nuestras autoridades enciendan una voz de alerta y analicen las consecuencias de una migración cuyas riquezas son sólo para ellos, cuyas riquezas no se comparten con el conglomerado y este tipo de riqueza individual no es riqueza, es más bien esclavitud, tal como lo era en tiempo de los aborígenes cuando Colon.
Ante las anteriores inquietudes, por esta vía hacemos un llamado al presidente de la República Luis Abinader y al ministro de trabajo Luis Miguel de Camps, para que pongan especial atención en la migración china y el trato con el personal y todos los dominicanos. Especialmente en la zona de Barahona donde hay denuncias de casos extremos.
No es posible, en pleno siglo XXI ya no debería existir la esclavitud, pero muchos menos la colonización de una nación que anda por el mundo buscando espacio para su gente y la inversión del dinero de una economía y territorio que no les permite expandirse más.
Estos requieren ser supervisados, porque los chinos no devuelven a la sociedad, no se les ve hacer donaciones como empresas, no participan de las actividades locales, no se integran a la comunidad local, solo toman sus recursos, se aprovechan de su gente y parece no importarles el país.
En mi vida comercial y como dirigente comercial de muchos años nunca he visto un comerciante chino en una reunión para buscar soluciones a problemas de la comunidad, o del comercio nacional, ellos no se integran, solo le importa el patrimonio y en ese sentido el Estado debe pensar en regular y supervisar es estos colonizadores, evitando el esclavismo y regulando sus actividades de apropiación nacional.
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