Una reflexión dominicana sobre el 16 de agosto, Día de la Restauración, y la tradición política que lo acompaña

0

METRO SUR RD 


Este sábado 16 de agosto, República Dominicana celebra con orgullo el Día de la Restauración, una fecha que, más allá de conmemorar la reanudación de nuestra soberanía frente a España en 1863, representa nuestra tenacidad colectiva, nuestra identidad nacional y esa visión de libertad que una vez alcanzada no se negocia.

Ese amanecer de Capotillo marcó el inicio de una gesta popular que sacudió las cadenas del poder colonial y nos reivindicó como nación libre y con un legado propio. En cada desfile, ofrenda floral o acto cívico resuena el eco de aquellos patriotas que lucharon por rechazar el dominio extranjero y defendieron, con su militancia popular, un ideal republicano y democrático. Es un día para unirnos en memoria, reflexión y gratitud.

Pero el 16 de agosto también trae consigo otra tradición simbólica: en eso ha convergido la historia institucional dominicana. En jornadas anteriores, esta misma fecha fue elegida como la de la juramentación presidencial, como ocurrió en 1978, tras la primera transferencia pacífica del poder en nuestra historia moderna. Esa solidez democrática no es casual; se ha vuelto parte de nuestra cultura política, y muchos dominicanos confían en que, en cada Gobierno, ese “renacer” se materialice con cambios que refuercen el buen gobierno.

Más recientemente, nuestra gente ha aprendido a asociar el Día de la Restauración con ansias de renovación: es un día donde esperan señales de reinvención institucional. Los equipos gubernamentales saben que el cambio en distintos puestos del tren del Estado, especialmente en épocas cercanas al 16 de agosto, crea expectativas reales de ajuste, frescura y compromiso renovado.

Hoy, mientras celebramos nuestra identidad histórica, también debemos pedir que ese espíritu restaurador inspire gestos modernos: nombramientos que reflejen eficiencia y equidad, políticas que estén a la altura de nuestra soberanía restablecida, y una administración pública que realmente represente el ideal republicano que nos costó tanto recuperar.

Que el Día de la Restauración nos una no sólo en conmemoración, sino en la esperanza de que cada elección, cada cambio institucional, sea un nuevo capítulo en la historia de un país que se reconstruye sobre los cimientos sólidos que forjaron quienes dijeron “No volverán” en Capotillo.

Entradas que pueden interesarte

Sin comentarios